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RESEÑA: Ella me llamó madre, Stratford Circus Arts Theatre ✭✭✭✭
Publicado en
21 de octubre de 2015
Por
matthewlunn
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She Called Me Mother Stratford Circus Arts Centre 8 de octubre de 2015
4 estrellas
Hay muchísimo que admirar en She Called Me Mother, una obra que da voz a las personas sin hogar y a las víctimas de abuso. En las notas del programa, Michelle Inniss, la dramaturga, explica la inspiración de su protagonista, una inmigrante trinitense de 70 años llamada Evangeline Gardner:
«El personaje de Evangeline se inspiró en una mujer sin hogar con la que hablé durante un año, de 2006 a 2007. Vendía la revista para personas sin hogar, The Big Issue, en la estación de London Bridge. En lugar de llamarla “auntie”, que es una muestra de respeto hacia una persona mayor en la comunidad afrocaribeña, sin querer la llamé “madre”. Se le iluminaron los ojos y sonrió».
Inniss continúa explicando cómo sus encuentros habituales con esta mujer la llevaron a preguntarse cómo había perdido su hogar: qué había ocurrido antes y dónde estaban ahora sus seres queridos.
Evangeline (Cathy Tyson) lleva una existencia sencilla: cada día espera a una mujer llamada Teresa, que le recuerda a su hija distanciada, Shirley (Chereen Buckley). Las bondades diarias de Teresa llenan a Evangeline de calidez, pero también la invaden la frustración y el arrepentimiento. Deambulando por el escenario, rumia que la terquedad de Shirley debería haberle advertido de que se marcharía, antes de ablandarse al recordar su feliz infancia en Trinidad. Los recuerdos se despliegan y pronto habla de su marido Rodney, a quien «le gustaba beber», y empezamos a intuir por qué Shirley se fue. Cuando Shirley entra en escena, ocupando un espacio separado del de Evangeline, sus monólogos esclarecen cómo le afectó el comportamiento de su padre y cómo los pecados de sus padres se reflejan en su turbulenta relación con su pareja, Daniel.
Inniss hace un trabajo extraordinario al aprovechar personajes que nunca aparecen, con un diálogo rico y visceral que otorga a los recuerdos de las protagonistas una claridad notable. Se presta especial atención a las manos y a los ojos. Shirley comenta la inquietante sensación de seguridad que le producía coger la mano de su padre, cuando «había visto de lo que era capaz», mientras que Evangeline alcanza un momento de éxtasis casi de abuela al sostener las manos de los hijos de Teresa. Evangeline recuerda que los ojos de Shirley eran «negros y desafiantes», en contraste con la manera en que Shirley habla de los ojos de sus padres, rendidos a miradas perdidas que delataban sus problemas matrimoniales.
Los paralelismos entre Daniel y Rodney están un poco subrayados en exceso, y el inevitable encuentro del último acto entre Shirley y Evangeline se alarga algo más de la cuenta, pero por lo demás la obra está construida de forma impresionante. Con 90 minutos, Inniss evita en gran medida recrearse demasiado tiempo en recuerdos concretos. En su lugar, como en Talking Heads de Alan Bennett, el vaivén emocional de los encuentros evocados impulsa la narración hacia direcciones extraordinarias. En este sentido, el diseño sonoro de Kerri Mclean es inestimable, con anuncios desapasionados en la estación de London Bridge que contrastan con los emocionados movimientos recordados de un bosque trinitense. La iluminación de Peter Small es, a su vez, sencilla y eficaz, y a menudo sirve para subrayar la distancia, siempre cambiante, entre los personajes de Inniss. La escena final, en la que el decorado queda bañado por un resplandor celestial, aportó un matiz significativo a un final agradablemente ambiguo.
Cathy Tyson ofrece una interpretación conmovedora en el papel central, amarga como la hiel, pero con un brillo en la mirada. Hay mucho humor en su lectura de Evangeline, y en más de una ocasión hizo que el público se desternillara de risa; especialmente con la frase, impecablemente dicha, de que «Mi madre no se tiraría un pedo en algodón para que otra madre lo oliera». Tyson tampoco teme dejar que afloren los defectos de Evangeline, arrojando luz sobre los sentimientos de traición de Shirley mediante muestras de ingenuidad y algún que otro instante de ensimismamiento. Aunque en ocasiones la dicción de Tyson fue un poco insegura, su presencia escénica es poderosa y trata a Evangeline con dignidad incluso en sus momentos menos simpáticos.
Chereen Buckley compone una Shirley enormemente cercana, y resulta desgarrador escuchar cómo las descripciones optimistas de la vida tras irse de casa se deterioran con una inevitabilidad deprimente. Muchas de las revelaciones sobre el abuso de Rodney proceden de ella, y gran parte de su texto se dedica a explorar las relaciones rotas que mantiene con las personas importantes de su vida, sin que sea culpa suya. En consecuencia, dispone de mucho menos margen para maniobrar emocionalmente que Evangeline; el efecto que la violencia doméstica ha tenido sobre ella es implacablemente crudo. Aun así, Buckley destaca por la sutileza con la que explora la empatía emergente de Shirley hacia la situación de su madre. El hecho de que el trato de Daniel la acerque a Evangeline se aborda como algo más que una simple perversión; su actitud curtida por la vida queda matizada por la creciente sensación de que debe encontrar algún tipo de paz con su pasado. Como señala Evangeline: «Es curioso: por mucho que camines, los recuerdos nunca te abandonan».
She Called Me Mother es una obra reflexiva, bellamente escrita por Michelle Inniss e interpretada con fuerza por Cathy Tyson y Chereen Buckley. Su exploración de la memoria, especialmente al examinar el desarrollo y el deterioro de las relaciones, ofrece una experiencia profundamente visceral, con un desenlace abierto a varias interpretaciones sugerentes. She Called Me Mother está de gira por Inglaterra hasta el 21 de noviembre.
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