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NOTICIAS

RESEÑA: Los Monólogos del Soldado Solitario, Teatro Cockpit ✭✭✭✭✭

Publicado en

Por

timhochstrasser

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Monólogos de la Soldado Solitaria

Cockpit Theatre

5 estrellas

Se trata de una velada sobrecogedora pero necesaria, en la que se entretejen las transcripciones de siete entrevistas con mujeres veteranas estadounidenses de Afganistán y de la Segunda Guerra de Irak para construir un contundente comentario —atravesado por el género— sobre la miseria de la guerra moderna. Avanzamos en una amplia secuencia cronológica desde la fase de reclutamiento, con toda la diversidad de motivos por los que estas mujeres se alistan en las fuerzas armadas, hasta la experiencia del entrenamiento, el despliegue, el combate, la ocupación y, finalmente (con una pausa marcada por el intermedio), el regreso a casa y la reintegración —o no—. Las exposiciones individuales se ven interrumpidas por episodios colectivos de instrucción y canto que funcionan como un comentario coral del conjunto. Al principio fui escéptico respecto a lo dramáticamente viable que resultaría la propuesta: ¿serían lo bastante distintas las experiencias de soldado a soldado como para contar una variedad de historias? ¿Acabarían los temas, por necesaria que sea su discusión, volviéndose repetitivos a lo largo de la velada? ¿La acumulación de horrores previsibles terminaría por insensibilizar más que por invitar a pensar? No tenía de qué preocuparme.

Una de las pocas alegrías de esta velada —donde la alegría escasea— es la enorme amplitud de mujeres representadas en estos relatos. La diversidad de procedencias, experiencias, personalidades y actitudes entre las intérpretes construye un amplio espectro de personajes a través de los cuales aprendemos a habitar y explorar el espacio imaginativo de los acontecimientos. Como resultado, gracias a la individualidad de las propias mujeres y a la variedad de sus respuestas al trauma de la guerra, se nos empuja a ir más allá de suposiciones fáciles sobre el papel de las mujeres en tiempos de guerra y a enfrentarnos con mayor complejidad a los retos que plantean tanto la violencia contra las mujeres como la violencia ejercida por mujeres. Algunas son feministas y otras no; algunas son militares de carrera o proceden de familias con tradición castrense, mientras que otras se alistan por un impulso, como acto de rebeldía o como vía de escape de entornos familiares o domésticos imposibles. A algunas las atrae la perspectiva de adquirir habilidades o dinero, o simplemente el sentido de estructura, orden y disciplina externa que ofrece la vida en el ejército. Todas se sienten desconcertadas y decepcionadas por lo que encuentran, aunque no siempre de maneras previsibles.

Los monólogos reconocen, ante todo, que en ciertos aspectos la experiencia femenina y la masculina de la guerra comparten muchos temas y emociones: los mismos problemas con el equipo defectuoso y los contratistas poco escrupulosos; el mismo tedio de estar allí esperando a que ocurra algo; el efecto embotador de la exposición rutinaria a la muerte violenta; las tiranías irracionales y mezquinas de los superiores; el foco fundamental en luchar por tus compañeros como motivación en combate… todo ello afecta por igual. Pero, de formas concretas, estos monólogos muestran los desafíos únicos a los que se enfrentan las mujeres en la guerra. Por encima de todo, las actrices transmiten con fuerza la dificultad de que se las valore por sus méritos como soldados y no por su género. Una y otra vez, las mujeres se enfrentan al acoso y a los estereotipos por parte de hombres de su propio bando, que desembocan en la victimización e incluso, en algunos casos, en violaciones, donde denunciar y exigir responsabilidades no sirve de nada. Esto provoca extremos de estrés y aislamiento, y una incapacidad para confiar en nadie, que desencadena secuelas que duran mucho más allá de su regreso a Estados Unidos. En paralelo, otros pasajes de estos comentarios se centran en la constatación de que, para ser eficaz en combate, hacía falta una negativa firme a reconocer la humanidad básica de la población civil de Irak. Esto se transmitió de forma gráfica cuando una soldado reconoce que, para proteger a sus compañeros, quizá tendría que atropellar o disparar a mujeres y niños que podrían estar a punto de activar artefactos explosivos improvisados. Otros temas que emergen son la imposibilidad de mantener relaciones tanto dentro de las fuerzas armadas como con las parejas en casa, y la pérdida general del sentido de identidad bajo las múltiples presiones internas del propio ejército y del contexto bélico. Para sobrevivir era necesario negarse a pensar de manera independiente y a mirarse por dentro. La vida de un autómata fue a menudo, deprimente, la única opción para poder aspirar a algún futuro.

La obra podría haber terminado ahí, con material más que suficiente para una reflexión sobria; pero, tras un breve —y muy necesario— intermedio, volvimos para escuchar cómo les fue a estas mujeres al regresar (o no) a la vida civil. Quizá no sorprendió que quienes mejor se adaptaron fueran las que se alistaron con expectativas más modestas y habían encontrado una estrategia de supervivencia que preservó intacto su núcleo identitario; mientras que la depresión y toda la gama del TEPT se abatieron sobre quienes habían puesto las mayores expectativas en una carrera militar como vía de autorrealización. A la mayoría les resultaba insoportable que se les diera las gracias por su servicio, simplemente porque nadie que no hubiera estado allí podría haber comprendido la brecha entre la versión oficial y la cruda realidad. El aspecto más conmovedor de la velada para mí fue la representación y encarnación de una soledad extrema que implican estos monólogos: la mayoría de estas mujeres contaban sus historias por primera vez; no les había sido posible compartir estas experiencias ni con compañeras ni con su familia más cercana. A menudo se piensa que la guerra es una experiencia compartida, en la que la cohesión del grupo compensa en parte el miedo a las heridas del combate y a la muerte; y, sin embargo, para estas mujeres el servicio las redujo a un aislamiento cada vez mayor por todos lados.

Sin mitigar en absoluto ni criticar el enfoque de la velada, sí creo que podríamos haber oído un poco más sobre el papel positivo y capacitador de la guerra, que debe existir junto a los relatos traumáticos específicos. Hay indicios de ello en las oportunidades que tuvieron estas mujeres de adquirir habilidades y experiencia de liderazgo, y en vivencias que implicaron el contacto con nuevas ideas e influencias culturales. Esto no niega la fuerza visceral y la autenticidad de los relatos de negatividad que están en el corazón de esta velada teatral tan contundente, pero un poco más de detalle en este terreno habría aportado riqueza adicional, no una dilución del mensaje central.

En conjunto, un enorme reconocimiento para el equipo creativo y el reparto por ponernos frente a este material inquietante y hacerlo de maneras que rehúyen el cliché. Hace mucho, el objetivo del drama ateniense era obligar a la comunidad cívica a mirarse de frente en el espejo colectivo que ofrecían los mitos actualizados de las obras representadas. El comentario coral, descarnado, y los relatos individuales, abrasadores, contados en el Cockpit logran un objetivo similar al invitarnos a reconsiderar las realidades y el impacto del conflicto armado contemporáneo desde una perspectiva única.

Monólogos de la Soldado Solitaria estará en cartel hasta el 31 de mayo de 2015 en el Cockpit Theatre

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