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RESEÑA: The Rink, Southwark Playhouse ✭✭✭✭✭

Publicado en

Por

douglasmayo

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Douglas Mayo reseña The Rink, de Kander y Ebb, protagonizado por Caroline O'Connor y Gemma Sutton, actualmente en cartel en Southwark Playhouse.

Gemma Sutton y Caroline O'Connor en The Rink. Foto: Darren Bell The Rink

Southwark Playhouse

5 estrellas

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Para ser un musical pequeño, The Rink, del dúo de primera línea John Kander y Fred Ebb (por citar solo dos: Chicago y Cabaret), resulta ser un auténtico cofre del tesoro. El musical plantea un conflicto generacional en el que la madre se enfrenta a la hija por un negocio familiar sostenido durante años, pero, si rascas la superficie, hay mucho más por descubrir. Yo vi por primera vez The Rink en el Haymarket de Leicester hace unos veinte años. Volver a él ahora, con toda esa experiencia de vida a cuestas, me permitió ver muchos de sus temas con ojos nuevos, comprendiendo y valorando aún más el punto de vista de Anna.

Kander, Ebb y el autor del libreto Terence McNally han creado una especie de “musical de la memoria”, muy en la línea de lo que Tennessee Williams hizo con The Glass Menagerie. Es fácil mirar al pasado con gafas de color de rosa; todos lo hemos idealizado en algún momento. Pero en The Rink está también la estructura física de la propia pista de patinaje. Construida con los estándares de antaño, esta pista ha sobrevivido a dos guerras y, aunque el deterioro a simple vista sea notable, sigue siendo una estructura sólida que ha acogido a los Antonelli durante dos generaciones.

Gemma Sutton, Caroline O'Connor y Stewart Clarke en The Rink. Foto: Darren Bell

Caroline O'Connor interpreta a Anna. Es una actuación magistral de una artista a la que el teatro musical le corre por las venas. Caroline trata las letras como si fueran un segundo idioma perfectamente dominado. Parece fácil, pero es una destreza muy trabajada, estudiada y perfeccionada. Su Anna es fuerte, firme y mira hacia delante; pero la llegada de Angel tras siete años deja entrever momentos en los que el dolor asoma como grietas en su cristal azul veneciano. Hace falta un cuidado extremo para que no se rompa, y con las maletas hechas no piensa permitir que ocurra.

La Angel de Gemma Sutton es a partes iguales hija áspera y viajera agotada. Unas horas más tarde y habría llegado a casa para encontrarse un edificio vacío, en plena demolición. Angel conoce todos los botones emocionales de su madre y sabe pulsarlos con una precisión demoledora; pero, a medida que se revela su historia, uno entiende quizá por qué Angel se ha construido una coraza a prueba de balas. Al final de All The Children In A Row sé que se me humedecieron los ojos, igual que a varios espectadores a mi alrededor.

Da gusto ver a dos intérpretes tan extraordinarias, tan bien emparejadas, capaces de plantarse cara con esta partitura. Hay auténtico fuego familiar en números como Don't 'Ah Ma' Me!, tal y como debe ser.

El reparto de The Rink. Foto: Darren Bell

Otros seis actores habitan el mundo de The Rink, y solo por ver el esfuerzo titánico que supone asumir decenas de personajes adicionales —hombres y mujeres— ya merece la pena la entrada, mientras el pasado se reconstruye en una serie de flashbacks. Stewart Clarke, Ross Dawes, Michael Lin, Elander Moore, Ben Redfern y Jason Winter lo hacen todo; de eso no me cabe duda. Ya sea la desfachatez de números como The Rink o los matices que evocan lo femenino cuando invocan a una vecina de ayer, ¡es oro teatral! Un conjunto que está a la altura de lo mejor que he visto.

Disfruté especialmente con el Dino de Stewart Clarke, atormentado y atrapado en la posguerra en un negocio familiar y con una familia que no quiere; con la combinación de Ross Dawes y Ben Redfern junto a Caroline O'Connor para ofrecer lo que solo puede describirse como dinamita de tumbona; y con la breve transformación de Jason Winter en monja tras el Vaticano II. Incluso en la comedia hay una honestidad innata.

El reparto cuenta con un magnífico patio de recreo gracias a la diseñadora Bec Chippendale. Muchísimo detalle: una base sólida, un deterioro evidente, pero basta con encender esa bola de espejos y, por un instante, puedes imaginar este edificio en sus años de esplendor. Merece la pena leer también su biografía en el programa; es muy conmovedora, y se nota que entiende este espectáculo a la perfección. El trabajo de Bec está iluminado de forma impecable por Matt Daw. Es un diseño de luces complejo, con momentos de precisión milimétrica, unido a una puesta en escena que podría haber resultado excesiva; es mérito suyo que nunca estorbe, sino que sume a la acción dramática.

La banda, pequeña pero magnífica, de Joe Bunker, con nuevas orquestaciones de Greg Arrowsmith, complementa a la perfección al reparto y hace brillar la partitura de John Kander.

Fabian Aloise debe de estar ya listo para recrear Starlight Express. Conseguir que este conjunto no solo patine, sino que casi claqué sobre patines, no es tarea fácil.  Junto con el director Adam Lenson, esta colaboración ha creado algunos de los momentos más bellos, como el ya mencionado All The Children In A Row. Adam Lenson está forjándose rápidamente una reputación como director de teatro musical. Se nota que entiende de verdad el género, y el teatro musical necesita más directores así. Los buenos musicales pueden ser maravillosos, pero no hay atajos, y Lenson lo sabe.

Me cuesta usar este término, pero esta producción de The Rink es una auténtica clase magistral de lo que se puede lograr cuando reúnes a tu equipo A. Es tan buena como cualquier cosa que haya ahora mismo en el West End y, desde luego, merece una vida más larga.

Como dice la canción: "¡No hay nada que supere The Rink, creo yo!"

¡Ponte los patines y consigue tu entrada antes del día de la demolición, el 23 de junio!

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