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RESEÑA: Titanic, Southwark Playhouse ✭✭✭✭
Publicado en
Por
stephencollins
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Titanic
Southwark Playhouse
12 de agosto de 2013
4 estrellas
Tras ver la reposición a pequeña escala de Titanic de Yeston y Stone dirigida por Thom Southerland en el nuevo Southwark Playhouse, hay varias cosas que parecen indiscutibles.
En primer lugar, estamos ante un musical extraordinario, verdaderamente épico en su imaginación y en su partitura. La música es sublime, compleja, rebosante de melodía y armonía y con una caracterización muy específica. Es, de verdad, una obra maestra; y la orquestación aquí (de Ian Weinberger) es especialmente buena: el puro deleite de escuchar a las cuerdas en acción ya vale toda la velada.
En segundo lugar, este es, con diferencia, el mejor trabajo de dirección de Southerland hasta la fecha. Todo lo que se presenta está cuidadosamente pensado y la producción tiene un conjunto de reglas internas que funcionan y que hacen sorprendentemente fácil seguir a la multitud de personajes. La escenografía y el vestuario de Davis Woodhead, pese al espacio y los recursos limitados, crean muy bien la sensación de época y de claustrofobia.
En tercer lugar, la dirección musical de Mark Aspinall es reflexiva y, por momentos, bastante emocionante: los números de conjunto al completo resultan muy conmovedores. Pero hay una tendencia, sobre todo entre los hombres, a gritar en lugar de proyectar adecuadamente el sonido, y la dicción no siempre recibe la atención y la claridad que merece.
En cuarto lugar, los intereses dramáticos del texto están muy bien atendidos aquí; no hay actores realmente malos y sí muchos realmente buenos. Cada personaje parece completo y comprendido y, aunque varias personas doblan papeles, cada individuo se distingue con claridad y su lugar en el drama se logra de forma satisfactoria. Para una historia cuyo desenlace se conoce desde el principio, este reparto consigue un alto nivel de implicación del público: el secreto está en quién sobrevive y por qué, más que en si el barco lo consigue o no.
Es, sin duda, una de las mejores piezas de conjunto que ha producido jamás el circuito fringe londinense. Y, sin embargo, parte del canto individual no está a la altura de las exigencias de la partitura ni de la cualidad épica del conjunto. La realidad es que cada papel en Titanic necesita intérpretes de primer nivel que, además de grandes cantantes, sean también grandes actores. Aquí el equilibrio, quizá de forma comprensible, se inclina más hacia la interpretación que hacia el canto: muchos de los hombres sencillamente no tienen voz media y las notas graves parecen fuera del alcance de casi todos. Abunda el canto en registro agudo, fuerte y sin apoyo, pero no es eso lo que impulsa este coloso de partitura.
Los puntos más brillantes son Greg Castiglioni (magnífico como el ingeniero atormentado), Nadim Naaman (Clarke, el comerciante enamorado de la hija del lord), Claire Marlowe (la hija del lord), James Hume (Etches, el camarero de cabina de Primera Clase, aunque con algunos problemas iniciales de dicción) y Celia Graham (la trepadora social, Alice: excepcional).
Hay un trabajo irregular, pero en su mayor parte impresionante, de Jonathan David Dudley (su Hartley es especialmente bueno), Dominic Brewer (Lightoller), Leo Miles (en particular, la secuencia del vigía) y Judith Street y Dudley Rogers (la pareja mayor que decide morir junta). Pero era imprescindible un mejor trabajo vocal por parte de las tres Kates (Grace Eccle, Scarlett Courtney y Victoria Serra) y de Matthew Crowe (que interpreta a Bride de manera impecable, pero sencillamente no puede cantar el gran dúo con Barrett).
Por otro lado, se necesitaba una interpretación mucho mejor por parte de James Austen-Murray (Barrett), Simon Green (Ismay, el propietario cobarde y vanidoso) y Shane McDaid (Farrell, el chico que se salva contra todo pronóstico) para estar a la altura de la obra.
Dicho esto, es una producción profundamente atractiva, con muchos momentos altos y un drama real en juego, y la música te hace flotar a través de los pasajes en los que el trabajo vocal no acompaña. Maury Yeston es un genio.
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