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RESEÑA: El loco de la suerte, Teatro Old Vic ✭✭
Publicado en
Por
stephencollins
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Fortune’s Fool, Old Vic Theatre: Iain Glen como Kuzovkin y Lucy Briggs-Owen como Olga Foto: Alastair Muir Fortune’s Fool
Old Vic Theatre
8 de febrero
2 estrellas
En el programa de la producción del Old Vic de Fortune’s Fool, de Turguénev, adaptada por Mike Poulton, se afirma:
«La gente me pregunta por qué Fortune’s Fool llega sólo ahora al West End londinense, después de 163 años. Se ha propuesto muchas veces. Supongo que la respuesta es que siempre me resistí a un montaje en Londres porque no estaba preparado... La razón por la que Fortune’s Fool ocurre ahora es que creo que he encontrado al director, al diseñador y al reparto perfectos. Y es en The Old Vic: el teatro perfecto para la obra. Es así de simple. Alguna estrella propicia debió de haberlo unido todo».
Iain Glen formaba parte de ese reparto perfecto, el Kuzovkin original, y para algunos el «tonto» al que alude el título de la obra. Pero Glen abandonó la producción (que se estrenó el 19 de diciembre del año pasado) el 9 de enero alegando problemas de salud y se anunció que William Houston asumiría el papel. Sin embargo, esta noche Kuzovkin lo interpretó Patrick Cremin, la cobertura original de Glen, y parece que Houston también se ha retirado de la producción.
Sea como sea, el reparto perfecto de Poulton ya no existe.
Así que resulta bastante difícil juzgar la visión de Poulton para la obra, pero a la vista de la función de esta noche, parece contemplarla con gafas de color de rosa.
No es una gran adaptación de una gran obra injustamente olvidada. En el mejor de los casos —a tenor de esta producción— es una encarnación desangelada de un texto que late de posibilidades. A medida que avanza, uno puede ver cómo podría ser gloriosa, con un reparto adecuado y una dirección con claridad, visión y absoluta certeza.
Según el programa, la directora es Lucy Bailey.
Richard McCabe ofrece una interpretación sobresaliente como el presumido, remilgado y casi desternillante Tropatchov. En cuanto apareció en escena, de pronto estaban ahí la energía y el brillo que habían faltado de forma tan lamentable. Y de sobra.
Lucy Briggs-Owen está encantadora como Olga y Alexander Vlahos no mostró ni rastro de sus días como Mordred en Merlin (casi irreconocible) en el papel clave del nuevo marido de Olga, el ligeramente pomposo pero claramente superado Yeletsky. Lo que ambos necesitaban era una idea más firme de qué deberían estar haciendo para que la pieza avanzara con una ligereza casi mágica, y se les veía a cada uno tratando desesperadamente de alcanzar lo inalcanzable.
Según el programa, la directora es Lucy Bailey.
Como Pyotr, el lacayo ambicioso, desmedido pero que todo lo ve, Dyfan Dwyfor ofrece una interpretación nítida y verdaderamente atractiva, de las pocas del conjunto que parece comprender que esto es lo más cercano a la farsa que llega Turguénev, y aborda la tarea con gusto, compromiso firme y precisión. Precisión marcada.
Como Karpatchov, una joya cómica de papel que exige sutileza y un sentido del tempo cómico profundamente inteligente, Richard Henders, sencillamente, no tiene ni idea. Nada de lo que hace resulta gracioso, aunque parece que debería serlo. Como Trembinsky, el mayordomo peculiar, nervioso, exasperante y exasperado, Daniel Cerqueira es atrozmente poco gracioso, sobreactúa y distrae a partes iguales. Ninguno de los dos actores entiende los ritmos de la escritura ni de la comedia.
Según el programa, la directora es Lucy Bailey.
En el papel principal, Patrick Cremin no pasa de ser correcto. Es imposible no sentir simpatía por él dadas las circunstancias que le llevaron a asumir el rol. Pero aunque es competente y dice todas las frases, no tiene la energía interior, la comprensión de la mente del personaje ni la complicidad con McCabe, imprescindibles para que la parte funcione de verdad. Cumple de sobra, pero no aporta la pieza que completa el puzle.
Según el programa, la directora es Lucy Bailey.
El resto del reparto es tosco en todo lo que hace. Hay muchos suspiros, movimientos gallináceos y chasquidos de desaprobación por parte de los criados: es como una versión distópica de las entrañas de Downton Abbey. El problema es que nada de eso está coordinado, controlado ni canalizado en una dirección concreta, con el resultado de que nada conduce a nada. Es evidente que el reparto anda rebuscando maneras de hacer funcionar las escenas, que van «coloreando» la interpretación sobre la marcha para intentar que cante.
Está a años luz de ser desternillante; tanto como casi cualquier cosa que puedas imaginar.
Según el programa, la directora es Lucy Bailey.
William Dudley aporta una escenografía realmente preciosa, que Bruno Post ilumina con gran eficacia y evocación. La música de John Eacott encajó a la perfección con la producción.
Resulta un tanto desconcertante que Kevin Spacey no se ofreciera para sustituir a Glen.
Pero claro, según el programa, la directora es Lucy Bailey.
Quizá eso lo explique todo.
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